PARVOVIROSIS CANINA

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Es una enteritis de inicio agudo con morbilidad y mortalidad variables, que afecta sobre todo a cachorros.

Es un virus ADN de un solo filamento que solo afecta a la familia Canidae ( perros, lobos, coyotes ) y aunque está emparentado con ellos, es diferente del virus de la panleucopenia felina, del virus de la enteritis del visón y del parvovirus del mapache. Hay dos tipos, el tipo I supuestamente apatógeno, y el tipo II que es el patógeno.

Produce dos presentaciones clínicas: una cardiaca y otra entérica. La cardiaca se manifiesta con una miocarditis con muerte súbita en cachorros de 3 a 8 semanas de edad, aunque puede ser subclínica y producir la muerte por falla cardiaca cuando el perro es adulto. Generalmente esta forma es poco común gracias a la vacunación contra la enfermedad de las hembras gestantes. Los cachorros de esa edad ( 3-8 semanas ) aún siguen mamando por lo que los anticuerpos maternos los protegen.

El problema ocurre en el destete ya que la protección de los anticuerpos maternales desaparece y coincide con la presentación de la forma entérica que prevalece sobre todo entre las 8 y 12 semanas de edad, aunque puede afectar a perros de hasta 1 año de edad. También hay una prevalencia muy alta de esta forma entérica en el cambio de dientes alrededor de los 4-5 meses de edad por la bajada de defensas que conlleva. Por ello es muy importante que para esa edad el cahorro esté bien vacunado contra la enfermedad. Se recomienda empezar al mes y medio de edad, y repetir dosis cada 21 días ( cada 15 días en poblaciones de riesgo ). 

El periodo de incubación va desde 5 días a casi 2 semanas, es por ello esencial, que cuando se compre un cachorro lleve asociado una garantía de 2 semanas frente a las enfermedades víricas. También es muy común que tras la primovacunación se desarrolle la enfermedad y es debido a varios factores. El primero de ellos es la desaparición de la inmunidad maternal a través de la leche de la madre. En esa época puede entrar en contacto con el virus e incubarlo. Justo en ese destete se le pone la primera vacuna puesto que el cachorro se va a vender. Tras la primera vacuna se produce un estrés en las defensas del animal, que disminuyen drásticamente para en 5-6 días empezar a elevarse reaccionando contra esa vacuna. Esos días de estrés defensivo coincide con la incubación del virus y además con el estrés de transporte y/o nuevo hogar si el cachorro acaba de ser vendido. El resultado es que el propietario recibe un cachorro, que llega asustado y que en pocos días desarrolla la enfermedad. Por desgracia muchas veces va unida a una parasitosis intestinal por lo que se agrava el proceso.

La vía de entrada suele ser oral u oronasal a partir de los virus excretados en las heces que llegan directamente al animal o a través de fómites o vectores como las moscas. Hay una primera replicación del virus en amígdalas y placas de Peyer, para después producir una viremia. En esta fase puede haber fiebre, pero sobre todo hay anorexia, letargo y deshidratación. Después el virus se localiza en los enterocitos y neutrófilos, ya que tiene afinidad por células de división rápida. El vómito es el síntoma inicial de esta enteritis pudiendo prolongarse durante todo el proceso. A las 24-48 horas tenemos instaurada una diarrea con hematoquecia, líquida y que permanece hasta su recuperación o muerte. Se produce una neutropenia y se puede llegar a un shock endotóxico que produce la muerte a los 2-3 días tras el desarrollo de la enfermedad. Los perros mueren o se recuperan rápidamente tras esos 3 días, siendo la enfermedad prolongada muy rara.

El tratamiento se basa principalmente en los síntomas evitando la deshidratación y desequilibrios electrolíticos, antibióticos contra la septicemia, antieméticos y vitaminas. También se utilizan fármacos reguladores de la respuesta inmune, como inmunoestimulantes formadores de colonias de neutrófilos, para combatir la neutropenia. E inmunoferón que en las primeras fases puede abortar la enfermedad, pero que de cualquier modo reduce la mortalidad y signos de la enfermedad, como el interferón omega. Es por ello que el perro debe estar monitorizado y hospitalizado hasta el final del proceso.

Hay que destacar que la resistencia del virus en el medioambiente es alta, pudiendo permanecer hasta un año, pero es sensible a muchos desinfectantes entre ellos el hipoclorito de sodio o lejía. Siempre hay que eliminar primero todos los materiales orgánicos como los restos de vómitos y de heces, y aplicar después el desinfectante y dejar actuar. Una aplicación al 6% de lejía dejándola actuar durante 30 minutos inactiva al virus. 

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